“No es ninguna suerte ser amado, cada persona se ama a sí misma y sin embargo se está haciendo daño durante toda la vida” (Hermann Hesse) y sin embargo, es maravilloso estar enamorado, saber al despertar el lunes que hay algo por lo que merece la pena pasar el sinsabor de los cinco días de rutina cotidiana y de entrega sumisa a un trabajo que te consume lentamente. Mantener la mente ocupada en cosas livianas es algo indispensable para subsistir, saber que ella va a estar ahí el viernes por la tarde, esperando en el viejo café central, mirando el mundo con los ojos del que ve las cosas por primera vez, con la aparente ingenuidad de los que parecen vivir en otro mundo que no es el de los vivos; y reconfortarse en su por siempre melancólica sonrisa. Todo esto viene a colación por la figura de Richard Hawley y su pequeña joya “Cole’s Corner” (2005), con el que pongo fin al injusto olvido que venía sufriendo últimamente el disco de la semana, o bien pudiera llamarse del mes o del trimestre.
Personajes como Richard Hawley son una completa anomalía. Gente que vive en un bucle nostálgico, en un tiempo que sólo avanza hasta un momento determinado, para posteriormente rebotar y volver a un punto de partida. Hawley, como por ejemplo Chris Isaac en su día, construye su música, música deliciosa, sobre la base de un pop que no ha conocido la aportación de ni siquiera los Beatles o Bob Dylan, ajena prácticamente a todo lo acontecido a partir de los años sesenta.
Cuando la penetrante presencia de las cuerdas abren el disco dejando paso a la voz de crooner, entre lánguida y atormentada, en “Cole’s Corner” (el tema) sabemos que el recorrido será intenso; baladas de orquestación exuberante, codas nocturnas y solitarias, música para almas abandonadas en plena noche, aparecerán Frank Sinatra, o invocaciones al espíritu de Johnny Cash (“Just like the rain”, “Wading through the waters of my time”); la letras hablan de parejas, juntas o por separado, que sienten el influjo de la luna, comparan el sonido de sus propias lágrimas con la lluvia u observan desde la distancia las luces de la ciudad; por supuesto, también nos encontraremos con el espíritu más romántico de Roy Orbison o el Elvis más meloso (“Darlin’ wait for me”, “Hotel room”); y aún queda por citar “The ocean”, uno de mis temas favoritos de todos los tiempos, un prodigio digno del mejor Scott Walter, una canción de amor que construye su creciente intensidad sobre pequeños detalles que acompañan su poblada orquestación para acabar con una resolución final realmente arrebatadora, con un Hawley desatado que repite una y otra vez “Here comes that wave” en uno de los momentos más conmovedores que haya tenido el placer de escuchar. Y no me quiero olvidar de “Last orders”, el tema instrumental que cierra el disco de la mejor manera posible, entre sirenas y ecos que nos recuerdan que el lunes por la mañana aún queda lejos, que aún es posible ser meridianamente feliz entre el resto de mortales.
No se trata de una música excesivamente elaborada ni ampulosa, ni sobreproducida como viene siendo costumbre en muchos discos actuales, es un disco que se permite depender de lo mínimo para alcanzar sus cimas, un simple punteo de guitarra es suficiente para ganarnos de por vida. Un disco penetrante, romántico y definitivamente a contra corriente.
El resto de la discografía del artista es igualmente reseñable: “Richard Hawley” (2001), “Late night final” (2002), “Lowedges” (2003) y el más reciente “Lady’s bridge” (2007). Lo dicho, si estáis enamorados, este es vuestro disco; en caso contrario, este disco puede enarmoraros. Salud y amor para todos!
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domingo, 30 de diciembre de 2007
Disco de la semana: Richard Hawley - Cole's Corner (2005)
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icer
a las
14:12:00
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Etiquetas Cole's Corner, Richard Hawley, Shefield, The ocean
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